Meade, enfermo de debatitis

Un día sí, y otro también, el candidato a la presidencia de la coalición encabezada por el PRI, junto con el PVEM y Panal, “Todos por México”, pide a gritos debatir. “Quien no debate no merece gobernar”, “Yo mero estoy dispuesto a debatir”, “Vayamos al debate, cuando quieran y donde quieran”, “Debatamos”, “Vamos a debatir, el que no quiera no merece gobernar”.

La debatitis de Meade llegó al extremo hace unas horas cuando dijo: “No le saquen, vamos a debatir cada semana”, eso más un largo etcétera no son precisamente lo mejor que pueda suceder al candidato oficialista.

Es comprensible hasta cierto punto, su lugar en las encuestas lo orillan a pedir el debate; si ocupara el sitio del puntero con toda seguridad haría lo mismo que hace el que encabeza los ejercicios estadísticos. Hasta ahí hace lo que es lógico, pedir el debate para, como dice, confrontar ideas y con ello tratar de remontar en la preferencia electoral.

Pero alguien en su equipo debería decirle al candidato que con su insistencia lo único que genera es la percepción de que se encuentra desesperado, eso no es bueno para su causa y las mismas encuestas lo señalan.

La debatitis de Meade parece empeorar día con día porque nadie le dice que no es la estrategia correcta, y porque claramente “no lo pelan”, sus gritos se desvanecen en el aire, sin que alguien tome el asunto como un factor determinante, no es la elección de 2006 y eso no lo han podido entender algunos en los cuartos de guerra de los candidatos.

Para empezar y como señalamos, es comprensible y queda perfectamente claro en materia de estrategia política que el puntero no se va a dedicar a debatir por debatir, no es él quien necesita subir en las encuestas, tiene que cuidar su ventaja y eso por más que sus adversarios lo critiquen, tiene toda la lógica del mundo.

Así, por más que insista Meade, mientras el puntero siga como puntero, solamente acudirá a los debates organizados por el INE. Si es que de verdad el puntero AMLO aprendió de sus errores de 2006, por más cómodo que vaya en las encuestas acudirá a los debates oficiales.

Si en esos debates le va bien, Meade podría morir de debatitis porque no habrá poder humano que lleve al tabasqueño a un debate que no sea organizado por el INE.

Sin duda alguna los debates podrían ser la herramienta ideal para ganar terreno en la preferencia electoral, pero si eso no sucede, lo peor que puede hacer el que pide el debate es tomarlo como bandera para señalar que no merece gobernar el que no quiere debatir, el electorado dice por medio de las encuestas que hoy por hoy, desea que gane determinado candidato, debata o no.

La debatitis de Meade es crónica y no tiene cura; el debate OFICIAL del próximo 22 de abril seguramente irá con todo, junto con los demás, contra el puntero, el asunto es si le otorgará puntos o no, eso lo determinarán las encuestas posteriores.

Mientras tanto, en los cuartos de guerra de la coalición priista sería bueno que aconsejaran a su candidato buscar otras opciones para crecer en las encuestas, la estrategia actual solamente le ha provocado una debatitis aguda que puede hacerle mucho daño.

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