Los candidatos dedazo

La democracia mexicana ha sufrido otro revés, por enésima ocasión. Cuando el 1 de diciembre de 2018 el próximo presidente de México proteste al cargo, quien quiera que sea, tendrá la particularidad de que no habrá llegado a un puesto de tal responsabilidad como producto de un proceso democrático en el partido que lo postuló.

Todos, absolutamente todos los candidatos que, de acuerdo con los tiempos, buscarán en forma definitiva y oficial a partir del 30 de marzo la presidencia de la República con el inicio oficial de las campañas, son producto de un dedazo, de un autodedazo o del acuerdo de grupos de poder.

Los partidos políticos, supuestos paladines de la democracia, lo hicieron nuevamente, lo último que les importó fue la democracia, todos tienen candidatos electos por acuerdos cupulares, por decisiones unipersonales o por encubrimiento. Si lo dudan lean lo que sigue.

En el PRI su candidato es producto de la designación unipersonal del dueño sexenal del partido, ni un solo asomo de democracia hubo en una designación que estaba muy clara desde hace meses, no hubo nada de sorpresa salvo para aquellos empecinados en ver lo que no es. Pero incluso la figura no importa, el PRI es un partido absolutamente antidemocrático, su gran legado es una figura icónica en la política mexicana: el dedazo.

La “rebeldía” de Ivonne Ortega era para llorar de la risa, el desencanto de Osorio Chong fue más que evidente, la resignación de Narro daba ternura y la disciplina de Nuño estaba muy clara; al final todos acatando sí o sí la decisión del gran elector, quién actúa desde Los Pinos, como casi siempre a excepción de los años 2006 a 2012; ya llegará el momento de cobrar facturas, la genética priista es imposible de borrar.

En Morena no pueden criticar lo que hacen los priistas porque tienen mucha cola que les pisen, a pesar de ser un partido tan joven. Con su iluminado como presidente y dueño del partido, no había figura que le pudiera decir que no a sus deseos, la tercera candidatura presidencial estaba más que definida desde el momento mismo del nacimiento de un partido que dice respetar la democracia, ser un auténtico demócrata, lleno de demócratas, pero que lo último que ha practicado en su corta existencia es precisamente eso, la democracia.

Con un autodedazo, los morenos se han encargado de desmentir con sus acciones lo que dicen de dientes para afuera. Quizás no había figura que pudiera hacerle sombra al caudillo, si nos atenemos a las encuestas, pero la más elemental democracia señala que debió llevarse a cabo un proceso transparente de elección, y por lo tanto democrático, dejar de lado la “ley del dedito”; quizás en una de esas hasta el disciplinado Monreal se animaba a disputarle la candidatura al rayito de esperanza, y este hubiera salido mucho más fortalecido de un proceso democrático. Pero eso es solo un sueño guajiro.

El Frente es una burla en cuanto a democracia se refiere, no tienen ni cara para decirse demócratas, los que verdaderamente lo son no hacen el tipo de acuerdos cupulares que hicieron ellos para repartirse las candidaturas.

Este Frente nace violentado por sus mismos fundadores. En El Frente lo último que hubo fue democracia, si alguno de ellos llegara a ganar en los diferentes puestos a los que se postularán, serán todo menos gobernantes demócratas, al menos en un inicio.

Vaya, hasta los Independientes tienen un tufo de antidemocracia imposible de esconder. ¿El Bronco es un demócrata verdadero?, todo parece indicar que no. Un demócrata no utiliza la estructura del gobierno que encabeza para sus fines personales; ¿a quién le responde este personaje?, habría que verlo.

Margarita, un actor más de lo que será esta elección llena de antidemócratas, nadie sabe quién está detrás de ella; muchos se preguntan: ¿y las relaciones de su marido como expresidente?, ¿será que la apoya como se dice, algún grupo interesado en recuperar espacios de poder? Pocos dudan de la capacidad de la señora, pero también existen muchas dudas sobre sus redes.

El caso es que la democracia mexicana tiene mucho por vivir. México no ha podido meter en regla a sus instituciones políticas, concretamente los partidos, porque éstos son los que hacen las leyes a su antojo y conveniencia, son los dueños verdaderos del poder, se pelean por él, pero en el fondo son iguales, totalmente antidemocráticos.

Preparémonos pues para elegir a un presidente producto del dedazo, del autodedazo o del acuerdo de cúpulas; por lo tanto, poco representativo de un país multifacético, ese es el gran problema de la democracia mexicana, si es que para estas alturas todavía existe. Así es México.

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