Entre encuestas, encuestados, encuestadores y encuestitis

Antonio Sandoval, analista financiero, eperto en sistemas de pensiones y mercados financieros

Las elecciones de junio próximo son muy relevantes por donde se vea, tanto en el ámbito económico como social, y no se diga político.

Con dichas elecciones se manda la señal para el proceso electoral del año siguiente, en el que será elegido el próximo presidente de este país. A partir del pasado lunes 3 de abril se inició un larguísimo camino que, en primera instancia, tendrá su clímax el domingo 1 de julio de 2018, aunque no se descarta que se extienda más, mucho más.

¿Porqué es relevante para todos en México y para su sistema de pensiones?, por la simple y sencilla razón de que un gobierno determina en gran medida el rumbo económico del país, y con ello aspectos tan relevantes como las inversiones y los rendimientos. En la medida de lo posible trataremos de señalarle los puntos finos de un proceso electoral que apenas inicia, con la mayor de las imparcialidades.

El primer tema que nos ocupa, porque ya empezó a calentarse en algunos medios de comunicación, será el de las encuestas y sus derivados, por eso decidimos nombrarlo: Entre encuestas, encuestados, encuestadores y encuestitis; que la disfrute.

Encuestas: Una encuesta es un ejercicio con una gran dosis de técnica matemática y metodología, pero también muy factible de ser manipulado, acomodado según lo que se quiera y con resultados nocivos para la esencia del ejercicio estadístico y metodológico. ¿Usted se ha preguntado porqué las encuestas se han equivocado tanto en los meses recientes, a nivel nacional e internacional? La respuesta es que estos ejercicios se han desvirtuado, no siguen los procedimientos técnicos, no están hechas con rigor. Por lo tanto, no son encuestas. Al menos varias de las que yo conozco, de algunos medios que conozco, no son encuestas, son más bien ejercicios a modo que se hacen con el objetivo de golpear a alguien, generalmente con la intención de obtener un favor de quien se beneficia con dicha encuesta. Las encuestas tienen, al menos en la gran mayoría de los medios mexicanos, un objetivo empresarial y de negocios, no una intención objetiva de informar sobre determinada tendencia.

Encuestados: Los mismos encuestados se encargan de desvirtuar este ejercicio, y no es de ahora sino de muchos años atrás. Las encuestas realizadas por determinado candidato o partido político siempre, inevitablemente, juegan a su favor, ni modo que no lo hagan si ese partido o candidato es el que las pagó. En ese sentido existe una relación perniciosa, mafiosa y amañada de los encuestados con sus encuestadores, corrupción al más puro estilo mafioso, ¿y los lectores así como la población en general?, bien gracias.

Encuestadores: Son los beneficiados, directa o indirectamente y monetariamente hablando, de ejercicios que ya poco tienen de encuestas. Seguramente todos los que se dicen encuestadores saben hacer encuestas, pero como eso ya no deja, entonces hacen ejercicios a modo disfrazados de encuestas, según sea el sapo es la pedrada.  Nadie les dice nada, no hay una ley que los sancione, no hay quien les ponga un límite a sus trapacerías; y no nos referimos a los “técnicos” que hacen las encuestas, sino a los medios de comunicación que los contratan, con fines inconfesables. Los encuestadores, en su inmensa mayoría, son una especie de sicarios y mercenarios, pero lo peor es que nadie hace nada, vivimos en el caos absoluto.

Encuestitis: Esta enfermedad es muy dañina, le hace un daño terrible a la democracia, lo malo es que también es muy contagiosa, con claros efectos secundarios. Más aún, la encuestitis no nos permite ver las cosas objetivamente y recibir información equilibrada, simple y sencillamente estamos frente a un gran mal, que no tiene visos de solución en el corto plazo. La encuestitis podría llevar al proceso electoral mexicano a una grave crisis. Sus causantes son: empresarios de medios de comunicación corruptos y con oscuros intereses que pagan para hacer ejercicios a modo, a los que les ponen el nombre de encuestas; encuestados corruptos y ávidos de poder que desvirtúan las encuestas para arrancar el poder al otro, junto con encuestadores que se venden al mejor postor.

Lo peor, es que hay medios de comunicación y empresarios del ramo que luego de haber hecho el ridículo en procesos electorales pasados tiene el cinismo de volver a las andadas. Pobre México, así de enanos intelectuales nos consideran esos medios, y sus dueños.

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