¿Clinton o Trump?, los escenarios

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Por: Antonio Sandoval

No hay nada decidido; las encuestas más recientes hablan de una mínima ventaja de Hillary Diane Rodham Clinton sobre su contrincante Donald John Trump, apenas 1 y máximo 2 puntos según la encuesta de que se trate. Otras encuestas incluso ya ubican como delantero al magnate de la televisión, con un punto sobre la exsecretaria de estado. En México, en China y en Estados unidos, esa fotografía que nos muestran las encuestas tienen un solo nombre: empate técnico, nada para nadie. Si bien es cierto que el mayor temor lo genera Donald Trump, también valdría la pena evaluar quién es Clinton y hacia dónde podría dirigirse en todos los ámbitos, especialmente el económico. A unos días de las elecciones en el país más poderoso del mundo, y vital para lo que suceda en México lo quieran o no reconocer el gobierno y la sociedad locales, este es un acercamiento sobre los posibles escenarios que veremos dependiendo del triunfador. Una cosa sí es segura, nadie del exterior acabará con los problemas del país, llámese como se llame; México no tiene garantía de nada

 

Tipo de cambio: Victoria de Trump sería la debacle del peso; si gana Clinton la caída será menos violenta pero tampoco veremos el regreso del “superpeso” Es así de simple, la victoria de Donald Trump solamente profundizaría la caída de la moneda mexicana en una reacción inmediata de los mercados ante eventuales escenarios negativos para los siguientes meses…y años. Si de algo no podemos acusar al candidato republicano es de hipocresía, incluso no lo hizo durante su conferencia en la casa presidencial mexicana, donde fue recibido como jefe de estado sin serlo, y al marcharse dejó sin trabajo al secretario de hacienda. Trump ha dicho cosas que para la economía mexicana son más devastadoras que un muro, del que no se desdeña su daño pero será un tema de largo plazo. Ha señalado por ejemplo que revisará el Tratado de Libre Comercio, pero no solo eso, sino que buscará quitarle a Canadá, y sobre todo a México, las ventajas que desde su punto de vista les ha generado ese acuerdo, a costa de los estadounidenses. También dijo que restringirá la presencia de empresas de otras naciones en su país, y que expulsará a millones de indocumentados (muchos de ellos mexicanos), anticipando una oleada migratoria devastadora para esos mismos países, entre ellos el nuestro. Esos son motivos suficientes para tener un tipo de cambio más allá de 20 unidades por dólar. Quienes se atreven a dar un pronóstico señalan niveles mínimos de 21 y máximos de 25 pesos; es de esperarse una corrida contra el peso, aunque no sabemos si duraría demasiado tiempo, los especuladores también aprovechan estos movimientos para sacar más provecho. Pero la eventual victoria de Hillary Clinton no le restaría demasiadas presiones al peso, momentáneamente sí veríamos un regreso de las cotizaciones en el mercado interbancario a niveles de 18.50, 18.25 y muy cerca de 18 unidades, quizás en un rally de optimismo excesivo podríamos ver 17.90 pesos por dólar, que no se sostendría mucho porque sabemos que en esos rangos se activarán órdenes de compra de dólares en montos respetables, “el horno no está para bollos”. El endeudamiento excesivo de la economía mexicana, el bajo crecimiento del PIB, los riesgos y la amenaza de una disminución en el grado de inversión, los focos rojos de la inseguridad, los escándalos de la clase política, el impacto de precios bajos en el mercado petrolero, los efectos sobre las finanzas públicas de los pasivos en Pemex y CFE, más otros asuntos, son motivo suficiente para que el peso no sea la moneda fuerte que era hace unos años; los tiempos del superpeso han quedado atrás, y todo indica que pasarán un buen rato antes de que se repitan.

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Tasas de interés: Las tasas de interés en Estados Unidos subirán para diciembre, con Clinton o Trump como inquilinos de la Casa Blanca; la probabilidad es muy alta y en la más reciente reunión de la Fed casi se consolidó como un hecho. Por lo tanto en México la tendencia alcista seguirá; las expectativas apuntan a niveles de hasta 5.25 por ciento al cierre del primer trimestre de 2017. El repunte de la actividad económica estadounidense parece ser el argumento más sólido para este movimiento, alejándolo del factor político. Sin embargo, existe un riesgo adicional; Donald Trump dijo hace unos meses que de llegar a la presidencia de su país removería a la titular del banco central. Los mercados podrían reaccionar con más temor si llega Trump, a la espera del relevo de Janet Yellen, mismo que no sería inmediato pero eso abre la posibilidad de un periodo de profunda incertidumbre. En México las cosas no funcionarían diferente. La eventual llegada de la candidata demócrata aplacaría un poco las aguas en el tema de la Fed y las tasas de interés, o digamos que las mantendría en el mismo cauce, lo que de cualquier manera para México significa incrementos en los réditos. Como sabemos, los aumentos de las tasas de interés presionan, entre otras cosas, el pago del servicio de la deuda del gobierno mexicano; el tema es delicado porque tiene que ver con un factor de mercado, que sale del manejo político.

Remesas: Es un tema sumamente delicado, al cierre del año pasado México recibió remesas del exterior, preponderantemente de paisanos que radican y trabajan en Estados Unidos, por un total de 24 mil 771 millones de dólares, y para este año la expectativa apunta a un monto similar o ligeramente superior. Las remesas fueron el año pasado la mayor fuente legal de ingresos de divisas, superando a los flujos por venta de petróleo y al turismo. La eventual victoria de Donald Trump no cortaría de tajo los envíos de remesas, las potestades de un presidente estadounidense no son tan grandes como para decretar la confiscación de las remesas, eso lo saben los banqueros. Sin embargo, el temor fundado de que algo se intente para cortar esos flujos, provocaría una crisis momentánea, posiblemente los mexicanos busquen fuentes alternas de envío de remesas, o tratarán de ahorrar a la espera de los operativos de deportación masiva. Lo que podemos intuir es que una presidencia republicana, con las promesas que hizo el ganador a sus conciudadanos en el tema migratorio, provocará mucha incertidumbre. El problema es que las remesas son el gasto complementario de muchas familias mexicanas, mueven la actividad económica en varias partes del país, su reducción provocará más problemas en el país: menor consumo, disminución de la actividad económica, aumento en los niveles de pobreza, etcétera. Con Clinton en la Casa Blanca este tema sí sería uno de los favorecidos, ya que al menos se disiparían momentáneamente las amenazas de deportaciones y confiscaciones de las remesas de los mexicanos, y de muchos más migrantes.

Reservas internacionales: Las reservas del banco central mexicano estuvieron hace poco más de un año a punto de llegar a los 200 mil millones de dólares, hoy apenas rebasan los 170 mil millones. Es claro que las presiones sobre el peso durante los meses recientes drenaron este indicador, pero su monto resulta aceptable y hasta cierto punto sólido. No vemos a un Banco de México defendiendo a rajatabla al peso mexicano con inyección de reservas al mercado cambiario, justo por este motivo es altamente probable que una eventual victoria de Donald Trump lleve al dólar a máximos de 25 unidades. Seguramente hará inyecciones de liquidez mínimas, calculamos que gastaría no más de 15 mil millones de dólares en la defensa del peso, y eso dependiendo de la virulencia con la que caiga la moneda ante una eventual victoria republicana en Estados Unidos. Un nivel mínimo de hasta 155 mil millones de dólares en las reservas internacionales sería lo que estarían dispuestos a ver en las oficinas de 5 de mayo, en el centro de la capital mexicana. Como sabemos, una de las fuentes de fortalecimiento de las reservas es el flujo de ingresos petroleros, como éstos han bajado y seguramente se mantendrán escasos, tampoco esperamos un incremento notable en dicho indicador. Antes bien, nos parece probable que las reservas se mantengan entre 155 mil y 180 mil millones de dólares, aún en el periodo de turbulencia que podría desatarse dentro de unos días. Una noticia positiva para las reservas sería la eventual victoria de Hilary Clinton, no porque se vayan a fortalecer, sino porque en cierto modo se disipa la amenaza de que se reduzcan, al menos en el corto plazo.

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Crecimiento: Este indicador es de largo plazo y no habría un impacto inmediato medible o no, pero vaya que las expectativas se ajustarían. En caso de que gane el republicano estaríamos en un entorno más negativo, de menor crecimiento para un PIB ya de por sí bajo. La expectativa de que una política revisionista y una eventual economía más cerrada afecte el crecimiento estadounidense, y de muchas partes del mundo, bajaría las apuestas a favor de un crecimiento más acelerado. El PIB claramente se ajustaría a la baja, para el caso de Estados Unidos hablamos de una revisión a niveles cercanos o incluso ligeramente inferiores del 2 por ciento. De concretarse dicho escenario las malas noticias para México seguirían, un PIB también cercano o por debajo de 2 por ciento sería la expectativa más inmediata. El escenario con Clinton como ganadora es más favorable, pero tampoco en exceso. Es medianamente positiva por la continuidad a las políticas actuales, pero tradicionalmente la economía de Estados Unidos acumula ciclos de alza no mayores a 8 años, con periodos de baja que en diversas ocasiones han desembocado en recesiones. Los expertos ven altamente probable que la economía de Estados Unidos pudiera iniciar un periodo recesivo entre los años 2018 y 2019, con Clinton o Trump en la presidencia del país más poderoso del planeta. Lo que más preocupa no es la recesión, sino su profundidad, ese es el verdadero temor.

Geopolítica: Trump prometió acabar con el Estado Islámico (ISIS), Clinton también ha dicho que lo combatirá pero se reserva los cómos, en su papel de exsecretaria de estado seguramente es la más experimentada en política exterior, los analistas esperan que siga más o menos la línea trazada por el actual mandatario Barack Obama, pero no hay mucha claridad al respecto. Para otros expertos no queda clara la forma en que Trump combatiría al ISIS sin afectar los intereses de otras naciones, incluyendo a Rusia; sin embargo, un presidente “agresivo” en el exterior es para Estados Unidos un atractivo que muchos no han descartado y por eso se mantiene competitivo en las encuestas, mientras que para el mundo es una mala noticia. El más reciente presidente “agresivo” de Estados Unidos hacia el exterior, George Bush, por necesidad no porque realmente lo fuera, resultó un fracaso para el país, y gestó en esos años las crisis posteriores que en buena medida siguen asolando al mundo, precisamente al permitir, entre otras cosas, la consolidación del ISIS. En política exterior el desempeño del presidente estadounidense también tiene impacto en la economía del mundo. Pero el verdadero temor no es si el “presidente Trump” será agresivo o no, sino en el estilo, se le considera intransigente y hasta irascible. No quisiéramos usar la frase pero Trump parece ser una amenaza para el mundo. En ese sentido la candidata demócrata está más en el ánimo de los inversionistas globales, al menos en un principio. Sin embargo, igualmente existen muchas dudas sobre su capacidad para solucionar conflictos, su labor como secretaria de estado fue considerada como de publirrelacionista del presidente en turno, más que de una estratega en temas geopolíticos. Como sea una de las ventajas de Clinton es su labor en ese puesto, más la experiencia de su marido, a quien pocos han tomado en cuenta, pero también juega.

captura-de-pantalla-2016-11-01-a-las-5-53-55-p-m En geopolítica, Trump despierta mucha incertidumbre, mientras Clinton parece tener más ventajas competitivas; sin embargo, ninguno de los dos tendrá un día de campo, el ISIS es hoy por hoy una de las grandes amenazas globales, pero no la única. Incluso, se habla de que tarde o temprano, más temprano que tarde, la administración Clinton, o la administración Trump, tendrán que hacer algo en su patio trasero, Latinoamérica, con varios focos de atención: Venezuela en primerísimo lugar, junto con naciones como El Salvador o Nicaragua, el primero asolado por la violencia de las maras junto con honduras, el segundo con la gestación de una dictadura que recuerda los peores momentos de la década de los ochenta del siglo pasado. Sin olvidarse de la inestabilidad de Argentina, la vulnerabilidad brasileña y los riesgos en México, los tres grandes de la región que hasta ahora han podido gestionar sus conflictos en forma más o menos tersa, pero que siempre preocupan en Washington.

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