Política fiscal de Trump, ¿Cómo le iría a México y su moneda?

Durante su campaña y en los primeros días de su gobierno, el presidente Trump ha prometido implementar una política fiscal expansiva para estimular el crecimiento. Básicamente ha mencionado que habrá un fuerte gasto en infraestructura, reducción importante de impuestos corporativos, desregularización, incentivos a la inversión y producción en EUA, fomento a las exportaciones y establecimiento de aranceles a las importaciones de países con fuertes déficits comerciales.

En días recientes, Trump dijo que su plan fiscal lo presentaría entre esta y la próxima semana. Aún se desconoce el detalle de las medidas que buscará implementar. Sin embargo, su propuesta tendrá que empatar de alguna manera con lo trabajado por el partido Republicano en la Cámara de Representantes. La propuesta puede incluir al menos tres componentes principales.

1. Una menor tasa de impuestos sobre las ganancias corporativas. La actual tasa en EUA es del 35%. La propuesta es reducirla en niveles cercanos a la mitad (20%). Con ello, se genera el incentivo de que el capital se desplace a la inversión corporativa en vez de ser invertido en bienes raíces o en títulos-valores del extranjero. La menor recaudación de impuesto de esta medida se quiere compensar por la consolidación de mayor producción e inversión en el país, además de que estaría acompañada con incentivos por desregulación, en temas ambientales, financieros, de propiedad física e intelectual y otros trámites importantes.

2. Un sistema territorial para gravar a las filiales extranjeras de las firmas estadounidenses. La propuesta permitiría que todas las futuras ganancias en el extranjero por las corporaciones estadounidenses fueran repatriadas sin tener que pagar ningún impuesto adicional a los que ya tributaron en los respectivos lugares de operación. Por otro lado, las ganancias anteriores en el extranjero estarían sujetas a un impuesto único de cerca del 10%.

3. Ajuste impositivo fronterizo. Con esta medida se buscaría fomentar comprar insumos en EUA. Las empresas que importan bienes no se les permitiría deducir el costo de esas importaciones al momento de calcular sus ganancias. Si se tiene una tasa de impuestos corporativos del 20%, eso equivaldría a un impuesto de importación del 20%. Por su parte, las empresas que exportan podrían excluir las ganancias de sus ventas al exterior de la renta tributable, lo que equivaldría a una subvención a las exportaciones del 20%.

El impacto económico para EUA puede ser positivo en el corto plazo, pero es muy debatible que genere una dinámica sostenida para los próximos años si la política fiscal no es acompañada con constantes incentivos de competitividad a las empresas norteamericanas.

La globalización no es un fenómeno que desaparecerá pronto, las empresas seguirán buscando reducir costos. A nuestro juicio, lo que EUA debería de hacer es incentivar nuevos procesos de producción, fortalecer los servicios y capacitar constantemente a la población.

Los Republicanos saben que no será tan rápido el proceso de incentivar más producción e inversión en el país, que compense los impuestos que dejarán de recaudar, sin ponerle más presión al actual alto nivel de deuda pública.

Por lo que están inclinados en aceptar una especie de impuesto fronterizo, que, aunque en principio no incide en la balanza comercial de EUA (ni de México), sería fuente importante de recaudación que les permitiría compensar los menores ingresos por la baja en la tasa del impuesto corporativo.

Hay que esperar cómo será la propuesta fiscal, porque el ajuste fronterizo también podría implicar violaciones a las prácticas establecidas en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Al parecer, la propuesta republicana la plantea como un Impuesto al Valor Agregado en la frontera, situación que de cumplirse no sería violatorio de la OMC (la organización permite medidas similares a un IVA).

Implicaciones para México

Cualquier variante que se proponga sobre los tres componentes mencionados traerá, aunque sea temporalmente, afectaciones sobre el tipo de cambio (peso por dólar). La política de disminución de impuestos, desregulación e incluso trabas a las importaciones provocarán un escenario de mayor inflación, lo que orillará a la FED a acelerar su proceso de subida de tasas de interés.

Lo anterior favorecería al dólar frente a la mayoría de las monedas en el mundo, incluyendo al peso mexicano. Además, si el plan incluye diferenciación de tasas dependiendo si las actividades empresariales provienen de importaciones o exportaciones (ajuste impositivo fronterizo), la presión sobre la moneda mexicana se intensificaría por la creencia de que México saldría afectado por una medida así.

Una implementación de ajuste fronterizo, provocaría en un primer momento que las exportaciones norteamericanas se hagan más baratas y las importaciones más caras, pero eventualmente estos precios relativos se ajustarían a sus condiciones iniciales vía una apreciación del dólar.

Si la imposición de tarifas de importación es sólo para los productos provenientes de México, el gobierno mexicano ha comentado que pondría medidas de impuestos similares a las importaciones de EUA. El problema es que, si el ajuste en el tipo de cambio no se da de forma automática y relativamente rápido, sí podría tener un efecto negativo en las exportaciones de México hacia EUA.

Económicamente, un plan fiscal exitoso podría ayudar a la industria estadounidense, lo cual por la fuerte vinculación en los ciclos económicos con México se podría traducir en algo benéfico para la economía real mexicana, sobre todo para la industria.

Sin embargo, estas medidas fiscales podrían generar efectos negativos en México como lo son: mayores presiones inflacionarias por la depreciación del peso mexicano; mayor incremento en el servicio de la deuda pública y privada; mayores costos de financiamiento (más altas tasas de interés); incentivos a que las empresas estadounidenses muevan sus operaciones de impuestos a EUA.

Para algunos de estos efectos negativos existe margen de maniobra para que actúen las autoridades gubernamentales de México. Sin embargo, ante el escenario de una reducción fuerte en la tasa impositiva en EUA, México no podría actuar con una política espejo, debido a las dificultades que enfrentan sus finanzas públicas.

Tampoco esperaríamos que se diera una desbandada de empresas que quisieran desinvertir en México e irse a EUA para pagar menos impuestos.

México ofrece una amplia gama de oportunidades de inversión que compensan esa diferencia de tasas impositivas: salarios y mano de obra competitiva; amplia red de acuerdos comerciales y de inversión con las principales economías del mundo; sectores estratégicos (aeroespacial, energético, telecomunicaciones y automotriz) con gran potencial de expansión; tipo de cambio flexible que se ajustaría para hacer más competitivas las ventas al exterior desde México.

Bajo cualquier escenario, la política fiscal que implemente EUA muy probablemente presionaría al tipo de cambio a niveles por encima de los $21.0 por dólar spot.

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