Carstens, pese al “catarrito”, México lo va a extrañar

Antonio Sandoval, analista financiero, eperto en sistemas de pensiones y mercados financieros

No se trata de llenar de halagos al funcionario que se va, es simple y sencillamente ponerlo en su justa dimensión.

Fui y soy un crítico del estilo de Carstens al frente el banco central mexicano, especialmente en su relativa pasividad para actuar; en el ámbito técnico tiene todas las credenciales pero me parece que Cartens debió subir las tasas de interés antes, creo que el peso estaría hoy menos depreciado si hubiera actuado previamente.

También fue especialmente pasivo cuando dejó que el mercado “se comiera” el esquema de subastas de ventas de dólares. Meses atrás era evidente que este mecanismo había dado de sí, que estaba agotado y que el mercado, o mejor dicho los operadores del mercado cambiario, lo utilizaron para mover el tipo de cambio a su antojo. El experimentado banquero tardó en darse cuenta.

Tiene una muletilla: “al final del día”, que utiliza para decir que finalmente todo se acomoda y con eso trata de justificar sus acciones, o sus no acciones; a veces tiene razón, a veces no tanto.

La historia lo recordará por su lamentable frase de “el catarrito”, con la que quiso decir en 2009 que la economía mexicana y la del mundo solo pasaba por un periodo de inestabilidad, no por el megaajuste que hasta la fecha padecemos.

Y así, varios fueron sus tropiezos. La labor de un banquero central no es de ninguna manera una tarea fácil, vaya que lo supo en estos años. Se va incluso bajo la sospecha de que tuvo un enfrentamiento con el jefe de las finanzas nacionales, José Antonio Meade, cuando la semana pasada éste decidió dejar sin cambio la expectativa de crecimiento del PIB para el presente año, mientras que Carstens la bajó.

Pero, nos guste o no, Carstens era una garantía de estabilidad al frente del banco central mexicano, a veces se equivocaba pero sabía modificar a tiempo. Su relativa pasividad muchas veces dio frutos, otras no tanto.

Y sobre todo, al frente de un organismo tan importante estaba un hombre respetado en la comunidad financiera internacional, tanto así que se va de Banxico precisamente porque lo invitan a presidir una institución global de renombre.

En tiempos de turbulencia, Carstens era garantía; eso es justamente lo que esperamos los próximos meses, turbulencia, mucha turbulencia, sin duda alguna México lo va a extrañar.

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