Banco de México semiacéfalo; Carstens como el peso, se desinfla día con día

Antonio Sandoval, analista financiero, eperto en sistemas de pensiones y mercados financieros

La renuncia de Agustín Carstens en diciembre pasado al Banco de México abrió otro frente de inestabilidad para el peso, sabíamos que la moneda mexicana enfrentaría turbulencias en estos días. Sin embargo, todo indica que el gobierno se quedó pasmado en este asunto. Una más.

En días recientes se especula sobre la salida anticipada de Carstens; en el papel su renuncia será efectiva a partir del primer día de julio próximo. Quizás sería un buen momento ya que en la práctica el Banco de México está semiacéfalo, Carstens toma decisiones pero los mercados saben que le queda poco en el cargo, la confianza se diluye junto con la figura del todavía gobernador al frente del banco central mexicano.

Lo malo es que el gobierno deja pasar días críticos, que pudo ocupar para buscar al sustituto ideal y darle las gracias a Carstens anticipadamente, en previsión de la crisis que hoy mantiene asolado al peso. Todo indica que en el gobierno mexicano no hay un estratega que piense más allá del corto plazo (en materia de finanzas el largo plazo es más allá de un día, debido a la volatilidad de los flujos de capital).

Hoy Banco de México luce semiacéfalo; el organismo utiliza y dice a los mercados que está muy cerca y que los vigila, es lo menos que puede y debe hacer, pero las circunstancias actuales requieren algo más que vigilancia, se necesitan acciones.

En este momento el gobierno ya tiene dos problemas en Banxico: el primero es encontrar al sustituto ideal de Carstens, de manera que los capitales se sientan seguros, sin que ello quiera decir que mágicamente cesarán las presiones contra el peso. Los candidatos son pocos, realmente muy pocos.

El otro problema que tiene el gobierno peñista es diseñar en conjunto con Banxico una estrategia que le proporcione orden al mercado de cambios, estrategia que desde luego debe diseñar y poner en marcha a la brevedad posible el nuevo gobernador del Banco de México.

La semana pasada Banxico inyectó 2 mil millones de dólares, que «ni cosquillas» le hicieron al dólar, solamente se retrasó por uno o dos días más el umbral de los 22 pesos por dólar; ese no es el camino, lo sabemos.

¿Hasta cuándo habrá gobernador?, ¿hasta cuándo dejarán que el banco central mexicano permanezca semiacéfalo?, ¿no entienden que la gubernatura de Banxico es un puesto clave para las finanzas mexicanas y para la confianza de los mercados?

Con un Banxico semiacéfalo solamente se abona más a la especulación política y cambiaría: en lo cambiario debido a que no hay estrategia ni estratega, el peso sigue desplomándose; ciertamente las condiciones externas han golpeado a nuestra divisa sin misericordia, pero no hay en Banxico un líder al que los mercados dirijan la mirada.

En lo político, se avivan las especulaciones que hablan de un encontronazo entre el inquilino del edificio de la calle de cinco de mayo esquina con eje central en la Ciudad de México y el jefe de las finanzas nacionales (José Antonio Meade), por haberse atrevido el primero a disentir en la expectativa de crecimiento con el segundo.

Banxico está semiacéfalo, la figura de Carstens es similar a la fortaleza del peso, se diluye día con día y a pasos agigantados.

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