Osorio Chong, el candidato que no fue

El Secretario de Gobernación es usualmente uno de los candidateables para contender por la presidencia del país en el sistema político mexicano, la tradición tiene muchos años.

El Secretario Miguel Ángel Osorio Chong parecía ser en la primera mitad del sexenio un candidato fuerte, su experiencia como gobernador de Hidalgo y sus contactos políticos lo tenían en los “cuernos de la luna”, muy a pesar del desafortundado suceso de los 43 de Ayotzinapa.

Su papel se fortalecía por el hecho de que su jefe, el presidente del país, gusta de hacer pocos cambios en el equipo. Pero al iniciar la segunda mitad del periodo presidencial todo empezó a modificarse, Osorio Chong tuvo que enfrentar el ridículo en el que dejó al gobierno federal la histórica fuga del penal de, hasta entonces, máxima seguridad del Altiplano, el descrédito y la vergüenza parecía que acabarían con la labor de Osorio Chong al frente de la Secretaría de Gobernación.

“No son tiempos para renunciar, sino para trabajar”, dijo el entonces atribulado Osorio Chong, sabedor de que su jefe aún en los peores momentos le daba todo el respaldo. Los resultados se reflejaron en la pronta captura del capo, solo seis meses después de su evasión, pero el daño estaba hecho.

Si bien, Osorio Chong no debía vigilar en persona al Chapo, para eso existen otras instancias y personas, fue muy claro que las labores de seguridad y de inteligencia del aparato del estado que se le habían encomendado lo rebasaron. Al inicio del sexenio la Secretaría de Gobernación hizo suyas las labores policiacas, se convirtió en una supersecretaría, y lo pagó caro.

La seguridad es hoy el gran fracaso del estado mexicano, y de este gobierno en particular, de continuar la tendencia de ejecuciones en lo que resta del sexenio habremos terminado con el mismo número de ajusticiados por el crimen organizado registrados en el calderonato, al que tanto criticaron y prometieron que no se repetiría ese horror que vivió el país entre 2006 y 2012, la realidad es otra.

Lo anterior sin contar los asesinatos que no se contabilizan, los robos comunes, las violaciones, los robos de combustible organizados y ejecutados también por el crimen organizado, los robos a camiones, trenes, contenedores, etc. La seguridad es un fracaso total aunque nunca lo van a reconocer. Osorio Chong también quedó desprotegido por los grupos de poder en su partido, se le vincula con algunos, pero en realidad no es ni de aquí ni de allá.

El secretario no se encuentra cercano al primer círculo peñista, a pesar de ser de las confianzas del presidente, todos sabemos que dicho honor corresponde en primera instancia a Luis Miranda, Aurelio Nuño y otros más.

Tampoco puede considerarse que es plenamente cercano a la vieja guardia, por más amigos y conocidos que tenga en esos bajos mundos del hampa política, perdón, quisimos decir: ese mundo de la política.

Peor aún, Osorio Chong no pudo despegar en sus aspiraciones y sobre todo en las preferencias electorales por más operación política que realizó. Todo tipo de encuestas aseguran que no sería un candidato competitivo, como casi nadie lo es en el PRI a éstas alturas.

Así, el Gran Elector nunca lo elegiría. A unas semanas de que se conozca con más certeza al candidato presidencial por el PRI, Osorio Chong está condenado a terminar de manera decorosa sus labores en la Secretaría de Gobernación, en el mejor de los casos, e irse a descansar a su casa.

Los finalistas claramente son José Antonio Meade y Aurelio Nuño, no hay nadie más. Osorio Chong es el candidato que no fue, tuvo la oportunidad, pero una combinación de errores propios, circunstancias de la política, el desgaste del puesto y también porque no decirlo, las peleas en el gabinete, lo marginaron de la contienda. Quizás su máximo legado será el de haber completado todo el sexenio en una secretaría tan compleja, algo que no vemos en el complicado panorama político desde hace mucho tiempo

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