Acuerdos y pactos, esa película ya la vimos y nos fue mal, muy mal

Antonio Sandoval, analista financiero, eperto en sistemas de pensiones y mercados financieros

Pacto de Solidaridad Económica (PSE), Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico (PECE), Pacto para la Estabilidad Económica y el Crecimiento del Empleo (PEECE). ¿Le suenan esos nombres?, seguramente a muchos sí, y al mundo millennial no.

Son los pactos económicos que nacieron en las postrimerías del sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, y que se extendieron en el salinato; de hecho, su creador fue precisamente Carlos Salinas de Gortari, quien como titular de la ya desaparecida Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP) aconsejó a su entonces jefe, el presidente de la república, para que implementara esos mecanismos de contención de crisis.

El propio Salinas cometió parricidio cuando ya como presidente desapareció y enterró estos llamados pactos económicos en 1992, previo a su reforma monetaria de 1993, cuando le quitó tres ceros al peso al considerar que su tan ansiada lucha antiinflacionaria había logrado el «éxito».

El resto de la historia la sabemos todos los mexicanos, ya sea porque la vivimos, porque nos la platican nuestros padres y adultos, o porque la estudiamos. La llamada era de los pactos económicos en México no hizo otra cosa sino contener un ajuste que cuando se presentó fue dramático, derivó en la que es hasta ahora la mayor crisis económico-financiera del país.

Los pactos fueron a la postre y en buena medida, la incubadora de la devastadora crisis de 1995, con toda su crudeza. Al día de hoy esa crisis la seguimos pagando los mexicanos en el costo fiscal que significa el siempre recordado Fobaproa.

Los pactos económicos, o acuerdos como ahora tuvieron a bien nombrar a este Frankenstein que nos acaban de presentar, tienen un negro historial en México, y nos fue mal, muy mal.

Al margen del rollo que significa el presente acuerdo, ya que no cuenta con ningún objetivo concreto y es solamente un documento lleno de buenas intenciones que firman los «sectores productivos» del estado,el camino de los pactos y los acuerdos tampoco es el correcto, debido a que no es con esas medidas como se fomenta y consigue el crecimiento económico.

No nos dicen como le van a hacer para que México crezca más y mejor, cómo se van a generar empleos, cómo se acabará con la corrupción que le cuesta a México mucho dinero año con año, cómo vamos a contrarrestar los efectos del «efecto Trump», o cómo tendremos una mejor perspectiva de impulso a la economía.

Lamentablemente, la Era de los Pactos dejó en México cicatrices tan profundas que varias de las cuales todavía no cicatrizan por completo. Por desgracia, esa película de los pactos y los acuerdos ya la vimos, y nos fue mal, muy mal.

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